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El PRD: Socialdemócratas o morir en el intento

Por Antonio Medina *

Aspirar a ser un partido socialdemócrata no es tarea simple. El PRD está en un proceso interno de reconfiguración que pretende salir a flote para volver a ser una fuerza política significativa que le permita continuar defendiendo desde los espacios de decisión política los anhelos libertarios de las múltiples minorías discriminadas y excluidas de nuestro país.

Un detalle es que ante los porcentajes más bajos que ha tenido en su historia, el PRD está en la disyuntiva de desaparecer o resurgir renovado, vigoroso y progresista como un verdadero partido de izquierda para 2024. Por ello, a este partido de la izquierda mexicana le urge un cambio radical, disruptivo y transformador que esté a la altura de las exigencias de TODOS los grupos sociales, particularmente aquellos que han defendido los derechos humanos, los derechos de las mujeres, de los pueblos indígenas, de la diversidad sexual, de las juventudes, los que defienden la tierra, la ecología, el acceso a la salud, a la justicia, a un salario digno y quienes defiende la laicidad del Estado mexicano. Es decir, todos esos grupos con los que el PRD se ha identificado y ha luchado en la arena política desde su fundación, logrando avances en leyes y políticas públicas que nadie le puede regatear, pues están ahí.

Pero cómo lograr ese ideal de ser un partido socialdemócrata cuando en los hechos algunos de sus líderes y lideresas siguen cavando su tumba con acciones, actitudes, discursos y prácticas deleznables que han puesto al Sol Azteca en el escenario del 3.5 por ciento de la votación nacional. No se han percatado de la hecatombe en la que está el partido y siguen ahuyentando a sus fieles militancias con prácticas antidemocráticas cuando imponen, por ejemplo, candidaturas con personas no aptas para los cargos que sólo cubren cuotas de los grupos de poder interno y no proponen a personas que defienden agendas sociales vinculadas a sus comunidades. Además, es preciso decirlo, algunas veces se imponen a personas en los cargos públicos que están más cercanas ideológicamente a grupos antiderechos, propios de la extrema derecha como VOX, de España, o del PES, en México.

El PRD debe honrar sus luchas del pasado que le han aportado mucho a nuestra endeble democracia para poder ubicarse con ese aprendizaje en el México del siglo XXI. Esas nobles luchas que le dan sentido como un partido de verdadera izquierda son las que defienden la lucha obrera, campesina, de las mujeres, de estudiantes, de las juventudes, de la diversidad sexual con TODAS sus letras (sin excluir, invisibilizar o borrar a ninguna), a favor de poblaciones indígenas, de personas con discapacidad, migrantes, y desde luego, poblaciones afrodescendientes, entre otros grupos, que han tenido cabida en este partido de manera vigorosa en las últimas tres décadas.

Desde luego, el PRD debe seguir impulsando leyes y políticas públicas con una visión de Estado, liberales, progresistas, que permita que TODOS los grupos sociales, por minoritarios que sean, gocen de los beneficios que el Estado (por derecho), debe brindar a TODAS sus poblaciones.

El PRD debe volverse a vincular a las y los otros, a las y los excluidos, a quienes han sido vulnerados y ofendidos por este sistema hegemónico, heteropatriarcal, machista, misógino, racista, clasista, LGBTfóbico, que discrimina y que ha institucionalizado la exclusión, particularmente del 52 por ciento de la población, que son las mujeres. Ellas, de todas las edades, grupos sociales, estatus económicos, profesiones, orientaciones sexuales e identidades de género, de ninguna manera pueden ser excluidas o invisibilizadas en políticas públicas ni de los espacios de decisión.

El PRD, con sus dirigencias muchas veces ensimismadas y luchando por espacios de poder político y económico, no se puede dar el lujo de retroceder en sus batallas por las libertades alcanzadas al momento. Por ese motivo, el Sol Azteca no puede vincularse ni discursiva ni simbólicamente con quienes han sido opresores de las minorías sociales o con quienes defienden agendas antiderechos o conservadoras, y mucho menos puede mimetizar esas agendas al trabajo legislativo y de políticas públicas a través de sus representantes populares. Ello iría en contra de la lucha histórica del Sol Azteca. Insisto: esas luchas y logros le dan sentido como un partido que ha defendido desde una visión liberal y progresistas a los grupos que creyeron en él como un partido comprometido con las o los otros, los y las marginales, los y las excluidas, las y los vulnerados.

Eso, a todas luces, iría en contra del ideal de la socialdemocracia. Sí, el PRD debe sentarse a conversar, escuchar, dialogar, deliberar hacia adentro y hacia a fuera, y debe hacer alianzas para fortalecerse y afianzar su poder en la toma de decisiones políticas. Debe escuchar voces diversas, esté o no de acuerdo con sus opiniones o posturas, pero en esa retroalimentación debe tener muy clara la ética política del partido que es y su devenir histórico que lo construyó en el partido que hoy quiere ser socialdemócrata.

Todas sus dirigencias deben tener muy en cuenta que su partido debe seguir siendo un promotor de las libertades, todas, sin regatearlas, sin que prejuicios o por ignorancias individuales se tomen decisiones colectivas que vayan en detrimento de los grandes logros del PRD como un partido liberal, libertario y progresista que aspira a ser socialdemócrata.

Mi apuesta es a que mi partido sea socialdemócrata, pero de manera real, no sólo en la frágil y efímera arenga discursiva y autocomplaciente. Que vuelva a salir al espacio público donde están las múltiples realidades y se mimetice con esas necesidades, con esas voces, con esas visiones de las personas reales, no las de las encuestas o estadísticas a modo, y las lleve a los espacios de decisión política para trasformar al país que nos lo reclama, nos lo exige y sin temor a equivocarme, se lo debemos.

* @antoniomedina41

** Texto publicado en la revista Etcétera el 4 de noviembre de 2021.

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