Menú Cerrar

Lenguaje homofóbico en medios

Antonio Medina Trejo*

El texto que viene abajo lo publiqué el año pasado en varios medios a propósito de una polémica que se suscitó por la determinación de la Corte al resolver que las expresiones homofóbicas son discriminatorias y no están protegidas en el principio de la libertad de expresión. Lo publico ahora en mi espacio, con el propósito de abonar una opinión con respecto a lo sucedido en el mundial de futbol de Brasil, donde connacionales han posicionado el término “puto” en esa fiesta deportiva, en la que, amparados en el anonimato colectivo, lanzan al unísono el término discriminatorio para denostar a los contrincantes del equipo nacional. Esa expresión pronunciada en espacios de violencia, donde se ejerce el poder machista, más que una “palabra pícara”, como han dicho algunos, sí es discriminatoria y no abona nada a la concordia, el respeto y la solidaridad entre las personas.  

México DF, marzo 08 de 2013.

Qué bueno que una institución del Estado mexicano da la razón a quienes creemos que el lenguaje discriminatorio en los medios de comunicación es nocivo, divide a las personas y fomenta el odio social.

El pasado miércoles la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) determinó que las expresiones homofóbicas son manifestaciones discriminatorias y no están protegidas en el principio de la libertad de expresión.

Luego de que se estudiaron algunos casos, ese poder del Estado mexicano interpretó que expresiones como “maricones” o “puñal” son ofensas discriminatorias que no pueden ser resguardadas por la libertad de expresión que consagra la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en su artículo sexto.

Esa interpretación de la Corte sustenta que el lenguaje homofóbico en los medios, como lo he expresado en varios foros, es discriminatorio aunque sea en ámbitos de la camaradería o la “buena onda”.

Qué bueno que la SCJN lo dice y lo argumenta. Qué bueno que se fundamenta en el principio básico de la no discriminación y en los límites de la libertad de expresión, pues esa postura me ha llevado a discutir con especialistas, familiares y aún con activistas pro derechos de la diversidad sexual, quienes argumentan que son palabras nada más, que son de uso común y que no necesariamente cuando se pronuncian es porque se esté ofendiendo a las personas.

Una vez un médico de una universidad me dijo que el término “maricón” hasta era bonito: “es parte del folklore decir maricón”, remató. A lo que yo le contesté que, en efecto, es de uso común, `como el bullying contra niños amanerados y los crímenes de odio por homofobia`. Desde luego aporté cifras.

Sigo pensando que las palabras discriminatorias, cualquiera que éstas sean, incitan al odio social, dividen a las personas y fomentan la violencia física o simbólica, tal como alguna vez me lo explicó la doctora Anabel Ochoa en una entrevista publicada en la revista Zócalo:

“Las palabras son pensamiento y el pensamiento es lenguaje. No puedes emplear una palabra inadecuada y tener un pensamiento adecuado. Eso es completamente incompatible. Yo soy una convencida de que las palabras pronunciadas desde los medios de comunicación deben de ser correctamente empleadas y quien las pronuncie debe tener el suficiente conocimiento para transmitirlas de la mejor manera, pero además deben estar convencidos de lo que dicen y lo que creen, pues cuando se comunica con claridad y vehemencia, las palabras tienen un peso capital en quienes las escuchan”.

Homofobia que no se ve ni se escucha

Es importante decir que muchas veces en los medios no necesariamente hay palabras abiertamente homofóbicas, sino que existe otro tipo de información, que no se ve o escucha textualmente, es decir, esa homofobia que está presente en el diario acontecer de programas radiales, televisivos y en prensa escrita, que se esconde detrás de líneas, en el lenguaje y las acciones, donde afloran las actitudes y conceptos que no tienen la intención de ser ofensivos o denigrantes, pero que, por ignorancia o falta de información de quienes están frente a la cámara, el micrófono o el teclado, resultan ofensivos o distorsionadores de la condición homosexual.

Esa homofobia “involuntaria” también es dañina y pernea el imaginario social desde los espacios mediáticos cuasi omnipotentes.

El especialista Héctor Islas Asaïs, autor del ensayo “Lenguaje y Discriminación”, editado por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación en 2005, plantea que las etiquetas de identidad “son con frecuencia impuestas por ciertos grupos de poder”, y señala a los medios de comunicación como unos de los espacios donde se socializan tales actos a través de lenguajes excluyentes o estigmatizantes.

Sin duda, los medios de comunicación son o pueden ser un factor de cambio positivo sobre temas susceptibles de discriminación social. En el caso del sida, Jonathan Mann, primer director del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida, fue enfático: “la peor epidemia con la que hay que luchar no es la del sida, sino la de la discriminación y los prejuicios”.

*Profesor de periodismo en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

@antoniomedina41

Compartir